El Teatro Cervantes de Málaga acoge este viernes 23 (19.30 h.) y domingo 25 (19.00 h.) de mayo ‘La Edad de Plata: Díptico español de Goyescas y El Retablo de Maese Pedro’, dentro del ciclo de Temporada Lírica.
Sinopsis
La Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga coproducen estos dos cuadros teatrales que su director de escena, Francisco López, titula La edad de plata. Díptico español en un claro homenaje a algunos de los artistas, intelectuales y literatos del primer tercio del siglo XX que protagonizaron uno de los momentos estelares de la cultura española y que tienen en la ciudad de París su refugio creativo.
Goyescas o Los majos enamorados
Todo gira en torno a cuatro personajes, que recuerdan a los de la Carmen de Bizet; dos mujeres y dos hombres. Fernando, un aristócrata, y Paquiro, un torero, se disputan el amor de la desinhibida Rosario. Pepa es la cómplice del matador para conquistar a la joven. La trama se complica hasta tal punto que los dos enamorados se retan en duelo.
Fue en una de las amables y optimistas estampas de majos y manolas en un luminoso e idealizado Madrid que Goya retratara en la que se inspiró Granados para escribir, en 1911, su famosa serie de piezas para piano titulada Goyescas. Cuatro años más tarde, el propio compositor acudió al libretista Fernando Periquet para convertir este material en una ópera homónima. En realidad, Granados no hizo más que orquestar y vocalizar las piezas pianísticas, dándoles un orden sucesivo de acuerdo al libreto. Con una instrumentación refinadísima y una considerable entidad dramática, son muy conocidos dos de sus pasajes: la ‘Canción del ruiseñor’ y el interludio.
El retablo de maese Pedro
Maese Pedro llega a la misma venta en La Mancha de Aragón donde se encuentran don Quijote y Sancho. El episodio que representa Maese Pedro en su teatrillo es un tema caballeresco procedente del romancero: el rescate de Melisendra, cautiva en la prisión de Almanzor en Sansueña (Zaragoza), por su esposo don Gaiferos. Don Quijote sigue el desarrollo de la representación con atención y tranquilidad, interviniendo con sus acertados comentarios sobre las escenas de temática caballeresca que tanto le atraen, hasta que, al iniciarse la persecución de los enamorados por parte de los moros, “entra” violentamente en el argumento, temeroso de que les vayan a capturar y destroza toda la compañía de títeres.
El retablo de maese Pedro, con música y libreto de Manuel de Falla, se basa en el capítulo XXVI de la segunda parte de El Quijote. Musicalmente el compositor se despoja en esta obra de su reiterado color andaluz para crear un nuevo lenguaje neoclasicista pero no exento de referencias nacionales a las músicas históricas del Siglo de Oro.